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Mil doscientos dos (cuento sobre el corazón roto)

A Ernesto le acababan de romper el corazón en mil doscientos dos pedazos. Los había contado todos, uno por uno. Siempre fue un hombre meticuloso. Lo peor de todo es que aunque había intentado reconstruirlo, las piezas ya no encajaban. No había manera.

En su silencio lleno de mundos y en sus campos mentales llenos de flores incendiadas, intentaba una y otra vez conseguir que aquellos trozos sueltos formaran un corazón. Pero era una tarea inútil. Sus esperanzas convertidas ya en cenizas, se iban desvaneciendo una por una sin saber qué hacer con todos aquellos pedazos desquebrajados e inútiles.

Porque cada vez que los tocaba, cada vez que los arrastraba con los dedos intentando buscar la forma idónea, aquellas piezas rotas se fragmentaban aún más, convirtiéndose en un polvo apenas perceptible que desaparecía con solo respirar…

Una tarde, inmerso en sus nubarrones de tristeza, intentó otra estrategia. Sabía que las piezas ya no encajaban por sí solas, así que cogió un adhesivo y las unió una por una. Se dio cuenta entonces de que quedaban espacios vacíos, vetas que formaban grandes carreteras y oquedades por donde cabían hasta aviones de papel. Ese ya no era su corazón, era otra cosa, pero aún así lo levantó y lo estuvo mirando unos segundos.

Entonces ocurrió algo fascinante. Entre esos vacíos que quedaban entre una pieza y otra, entraba la luz del sol. Esas grietas, esas heridas que delimitaban la marca de sus fracturas, relucían ahora con un resplandor sensacional y exquisitamente bello.

Ernesto se emocionó. Y al poco su mente se despertó y se volvió creativa. Decidió plantar semillas entre esos vacíos que surcaban su corazón fracturado. Fue paciente y permitió que germinaran flores de las más increíbles formas y variedades. Fue valiente y se atrevió a decorarlo después con más colores y nuevas aficiones.  Se dio cuenta de que su corazón ya no volvería a ser el de antaño, había creado algo diferente, algo más vivo, dinámico y fuerte. Ernesto tomó conciencia de que también es posible dar vida a las heridas y renacer de ellas.

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Los corazones rotos pueden sanar. El fin de una relación supone aceptar dos cosas: la primera que ya no tendremos a nuestro lado a esa persona significativa. La segunda, que tampoco nosotros volveremos a ser los mismos. Es obligación nuestra repararnos y convertirnos en alguien más fuerte, nuevo, valiente y resiliente.Haz click para twittear

Bibliografía para trabajar un corazón roto

  • Garrido, Vicente (2013) Cómo sobrevivir a una ruptura. Ariel
  • Paris, Ginette (2010) Roto. El desamor como un fenómeno emocional y biológico. Taurus
  • Fisher, Helen (2005) ¿Por qué amamos? . Taurus
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Autor

Valeria Sabater
Valeria Sabater
He creado este blog para ti. Pienso que todos podemos mejorar nuestra realidad invirtiendo en nosotros mismos: descubriéndonos, aprendiendo, iniciando revoluciones desde el corazón y la creatividad. Soy escritora, licenciada en Psicología por la Universidad de Valencia en el año 2004. Máster en Seguridad y Salud en el trabajo en 2005, Máster en Mental System Management: neurocreatividad, innovación y sexto sentido en el 2016 (Universidad de Valencia), certificado en Coaching de bienestar y salud y Técnico especialista en psiquiatría (UEMC). Número de colegiada CV14913. Estudiante de Antropología Social y Cultural por la UNED. Cuento con diversos premios literarios. Adoro los libros, los animales y el olor de la lluvia. Puedes leerme también en “La mente es maravillosa”.
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