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Cuento sobre la autoestima

A mir Ben-Khattab era el hombre más bueno del pueblo de Kaleköy, en Turquía. Su pequeña figura, cargada de años, achaques e infinitos quehaceres andaba siempre de aquí para allá. Era como un pájaro con las alas abiertas preocupado por llegar al corazón y necesidades de todos sus vecinos. El viejo Amir fue durante décadas esa mano amiga siempre disponible. Era la espalda que aliviaba cargas, ese hombro donde se quedaban las lágrimas, las piernas que cumplían todos los recados y esa mirada amable que transmitía consuelo sin necesidad de palabras.

Decían que en su rostro se contenían tantas arrugas como constelaciones trazaba el cielo por la noche. Sin embargo, cuando sonreía, su cara se alisaba como la superficie del desierto y entonces, solo por un breve instante, parecía recuperar la juventud perdida. Esa que había gastado año tras año sirviendo y prestando sus servicios a los demás a cambio de lo mínimo. Un poco de pan a veces, algo de miel si había, una cama donde dormir, un fuego donde calentarse…

Nunca tuvo grandes aspiraciones. Ser útil a los demás era lo que más le satisfacía.

Hasta que un día sucedió algo inesperado y ante todo, inexplicable. Al principio la gente de Kaleköy pensó que el viejo Amir se había vuelto loco. Más tarde, concluyeron que aquello no podía ser más que una enfermedad, un mal de ojo o una dolencia asociada a la edad.

Al fin y al cabo, sobre sus espaldas y entre sus arrugas se contenían ya un exceso de años, un cupo de vida sobradamente superado. Lo mejor, dijeron todos, era buscar a un buen sanador. Porque fuera como fuera, Amir Ben-Khattab ya no era él mismo: había perdido su reflejo.

Eso, era al menos lo que él decía. Fue una mañana de primavera, aún no había llegado el alba cuando el menudo y nervioso anciano despertó a sus vecinos diciendo que su imagen no aparecía en los espejos. No estaba. Ninguna superficie le devolvía su cara, sus arrugas, sus pequeños ojos aceitunados ni aún menos esos dos solitarios mechones grisáceos que peinaba de forma cuidadosa para disimular su evidente calvicie.

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¡He desaparecido! Les insistía a todos con un nerviosismo nada propio de aquel hombre relajado, cabal y juicioso. ¡Alguien ha robado mi imagen! Repetía una y otra vez. Su figura no aparecía en la superficie de los ríos, ni en las ventanas, ni tampoco el sol parecía querer proyectar su sombra en suelos o paredes. Todos podían ver a Amir Ben-Khattab, sin embargo, Amir Ben-Khattab ya no podía verse a sí mismo.

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El sanador

Cuando llegó el sanador de la provincia cercana a Kaleköy y el preocupado anciano le explicó su caso, el sabio no pudo más que explotar en una sonora carcajada.

Aquella risa duró unos cuantos minutos, interminables para el pobre viejo, pues al ser testigo de aquella sonora e inesperada reacción no pudo más que temerse lo peor. Aquel, era el preludio de su final. Había perdido la razón y ya no tenía remedio.

Sin embargo, tras secarse las lágrimas y calmar su risotada, el sanador le habló con cálida cercanía e inmenso afecto. —Estimado Amir Ben-Khattab, llevas toda la vida sirviendo a los demás. ¿Cuándo fue la última vez que te serviste a ti mismo?

El anciano no supo qué responder. De hecho, tampoco entendió su pregunta. Se limitó a colocarse uno de sus blancos mechones tras la oreja y frunció sus cejas en un gesto de infinito desconcierto.

— Estimado Amir Ben-Khattab. Estás desapareciendo de tu propia vida. Existes para los demás pero no existes para ti mismo. Tu mal es grave.

   — ¿Voy a morir entonces?
— ¿Tú quieres morir?
El viejo Ben-Khattab negó con la cabeza.
   — Entonces aprende a existir para tu propia persona.
— ¿Y cómo se supone que se hace eso?

— Sintiéndote también merecedor de tu propio corazón. Todos tus vecinos en Kaleköy tienen un pedacito de ti. Tú en cambio no tienes nada tuyo. Nunca estás para ti mismo. Por eso los espejos ya no te devuelven tu imagen. Ya no existes para tus ojos.

El viejo Amir tragó saliva. Le costó tanto hacerlo que por un momento pensó que acababa de engullir una piedra.

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— Estimado Amir Ben-Khattab eres un buen hombre. Sé también una buena persona para ti mismo. ¿Lo harás?
Amir asintió con la cabeza, para después, agradecerle al sanador sus sabias palabras.

Se dice que tras aquella visita, el buen anciano estuvo tres días enteros sin moverse, pensando. Se quedó a orillas de la playa, sin hacer ni decir nada, dejando que las gaviotas revolotearan a su alrededor, que el océano lo meciera por las noches con el sonido del arrullo de sus olas serenas.

No comió nada. Solo reflexionaba. De hecho, hacía mucho tiempo que no practicaba ese saludable ejercicio: hablar consigo mismo. El viejo Amir siempre había creído que quien no sabe servir no sirve para vivir. Él deseaba ser como los ríos, que nunca beben su propia agua.

Quería ser como los árboles que nunca se comen sus frutos. Siempre fue de la opinión que vivir para los demás es la regla de la naturaleza, pero se olvidó quizá, de que él no era un árbol. Ni un río. Tampoco una roca resignada a recibir las embestidas del mar.

acantilado para representar un cuento sobre la autoestima

Amir Ben-Khattab era un hombre. Y como los demás, estaba hecho de carne, de sangre, de un cuerpo y de un corazón ahora descuidado. El sanador tenía razón, nadie podría reprocharle que de vez en cuando, también fuera buena persona para sí mismo dedicándose tiempo, afecto, atenciones. Había perdido su reflejo, su sombra, su presencia…

Era momento de recuperarla, aunque fueran eso sí, solo algunos pedacitos, aunque fuera solo la mitad de su ser…

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Porque al fin y al cabo, el viejo Amir nunca fue muy ambicioso.

Caminar sin autoestima es negarnos visibilidad en el mundo, es volver el rostro hacia las propias necesidades y derivar en un anonimato vital. Permítete brillar, trabaja en tu reflejo y deslumbra al mundo.Haz click para twittear

Bibliografía para trabajar la autoestima:

  • Branden, Nathaniel (2011) Los seis pilares de la autoestima. Paidós
  • Burns, David ( 2010) Autoestima en 10 días. Paidós
  • Matthew Mckay, Patrick Fanning (2005) Autoestima: evaluación y mejora. Roca
  • Robbins, Anthony (2009) Despertando al gigante interior: Un viaje de autodescubrimiento hacia la realización persona. DeBolsillo

Autor

Valeria Sabater
Valeria Sabater
He creado este blog para ti. Pienso que todos podemos mejorar nuestra realidad invirtiendo en nosotros mismos: descubriéndonos, aprendiendo, iniciando revoluciones desde el corazón y la creatividad. Soy escritora, licenciada en Psicología por la Universidad de Valencia en el año 2004. Máster en Seguridad y Salud en el trabajo en 2005, Máster en Mental System Management: neurocreatividad, innovación y sexto sentido en el 2016 (Universidad de Valencia), certificado en Coaching de bienestar y salud y Técnico especialista en psiquiatría (UEMC). Número de colegiada CV14913. Estudiante de Antropología Social y Cultural por la UNED. Cuento con diversos premios literarios. Adoro los libros, los animales y el olor de la lluvia. Puedes leerme también en “La mente es maravillosa”.
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